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Historia del crimen. Jaime el Destripador (2)

La Vanguardia continuó informando sobre el Jaime el Destripador pero generalmente se trató de secuelas del mito del popular asesino al que imputaron la autoría de cualquieras otros crímenes horrendos que sucedieron en Whitechapel y también fuera de las fronteras inglesas. A continuación un resumen de lo publicado por la Vanguardia en los siguientes meses:

La Vanguardia 14/12/1888

« Un nuevo asesinato, cometido sin motivo alguno que lo justificara, ha puesto en emoción al vecindario de Londres. Esta vez, sin embargo, el asesino ha sido detenido y la víctima no ha muerto. No se sabe por ahora si se ha dado con Jaime el destripador ó si se las há la policía con un individuo que tiene igual manía que aquél… »

La Vanguardia 10/05/1889

« …No porque Jaime el destripador no de ya que hablar debe pensarse que no se cometen ya crímenes en Londres.

Esta semana se han descubierto en distintos puntos de la capital cuatro cadáveres de niños. El primero es el de una niña de pocos años, el cuerpo estaba envuelto en una camisa de noche bordada. Según dictamen facultativo la muerte databa de quince días atrás. […]

No se sabe por ahora ni quien son esos niños ni como ni por quien han sido de esta manera esparcidos por la ciudad.

Igualmente se han retirado del Támesis, el sábado dos cadáveres, uno de un hombre de unos cincuenta años. En los bolsillos de su vestido se hallaron, un cuchillo, una llave, dos petacas, una moneda de diez céntimos y un pañuelo encarnado. El otro cadáver es el de una mujer joven y vestida con elegancia. Tampoco se han podido identificar estos cadáveres.

Se procede ahora á la información judicial que no ha dado hasta el presente resultado alguno.

El público se empeña en ver en todos estos crímenes la mano del siniestro asesino da mujeres. »

La Vanguardia 22/07/1889

« Nuevos crímenes en Londres. A la una de la madrugada del 17, un agente de policía que pasaba por Castle-Abbey, Whitechapel, advirtió que una mujer se hallaba tendida debajo de un coche de los muchos que en aquel sitio acostumbran á estar parados. Creyendo que estaría dormida ó ebria, trató de hacerla levantar, y al inclinarse para ello, advirtió que estaba tendida sobre un charco de sangre, que tenía una herida profundísima en el cuello y otra horrible en el vientre.

Avisado el jefe de policía, M. Monro procedió al reconocimiento y levantamiento del cadáver. Era el de una mujer de unos  42 años, miserablemente vestida; llamábase Alice Mackenzie y era una de esas vagabundas que de noche frecuentan les alrededores de las tabernas del East End donde se reúnen marineros y gente de mal vivir. Junto al cadáver se halló una pipa de tierra cocida.

Varias conocidas de la interfecta declararon haberla visto en las calles vecinas dos horas antes sin que nadie la acompañara. Es inútil relatar el efecto que el nuevo lúgubre descubrimiento ha causado así entre los vecinos da Whitechapel, como entre todos los de la gran ciudad.

Cabe presumir que este asesinato se debe á la misma mano que siete veces distintas, en la sombra y con audacia sin ejemplo, ha causado otras tantas víctimas, pertenecientes todas á la misma clase de mujeres. La voz popular acusa, pues, al que se ha dado en llamar Jaime el Destripador, y que no ha podido ser habido jamás ni jamás ha dejado rastro que pudiera guiar á la policía en sus pesquisas.

El hallazgo de la pipa al lado de Alice Mackenzie, puede dar quizá alguna luz sobre este nuevo crimen, pues otras veces un indicio más leve aún ha servido para seguir las huellas del criminal. Pero en una ciudad de cerca de cuatro millones de habitantes y con una policía que tantas veces ha debido confesar su impotencia, es dudoso que sirva de mucho tal indicio. A más de que, según se dice, la víctima fumaba, y bien pudiera suceder que fuera suya la pipa.

The Daily News, en un extenso artículo que dedica á tal asunto, hace notar que hace pocos días la policía había recibido una carta del siniestro asesino, notificándole que en breve volvería á empezar sus crímenes, y que, por lo mismo la vigilancia se había redoblado.

Dice que media hora antes del descubrimiento del cadáver, un agente de policía había estado comiendo un bocado junto á un farol que hay cerca del sitio en que fue hallada Alice Mackenzie. Y como que al descubrir á la víctima, ésta se hallaba ya completamente desangrada y coagulada su sangre, de ahi que la tarea del asesino tuviera que cumplirse por fuerza en el espacio de breves minutos. Añade que sin duda fue interrumpido el criminal en su obra, por cuanto la mutilación habitual de sus víctimas no pudo ser llevada á cabo por completo esta vez, pues si bien existía el corte en el vientre, no faltaba entraña alguna. Y respecto del aviso dado á la policía, deduce que excluye por completo la suposición de que sea un maniaco, por lo contrario, que es un hombre dotado de gran astucia ó inteligencia y que por entero dedica estas cualidades á sus siniestros fines. Termina su artículo excitando el celo de todas las autoridades para que cese situación tan anómala, como es que un solo malvado tenga en jaque á la policía de la mayor ciudad del mundo y en alarma á los habitantes de esa ciudad…

Un periódico hace notar que los siete crímenes anteriores han sido cometidos por grupos de tres y cuatro, mediando un espacio de seis meses entre ambos grupos, el mismo que media entre el último, perpetrado en la persona de Mary Jane Kelly y el que ahora se ha descubierto. Al probar esto, citando las fechas de todos los asesinatos, indica sí, examinando las listas de las cárceles para ver los criminales.

Otros periódicos, fijándose también en esos espacios, aceptan la versión popular de que el asesino es algún marinero que comete sus crímenes de vuelta de largo viaje.

De todos modos, lo que resulta es que la decantada habilidad dé la policía inglesa ha sufrido rudo golpe con la persistencia y audacia de ese criminal, que ni siquiera, para despistarla, varía el lugar de sus fechorías; que la opinión pública se halla cada vez más alarmada y con sobrado motivo; y que las pesquisas y visitas domiciliarias que se están girando en multitud de habitaciones de Whitechapel, ningún resultado seguro producen.

Escrito esto, encontramos nuevas noticias en la prensa inglesa.

Un telegrama, fechado en Londres el 20 por la noche, indica la posibilidad de que por fin se haya dado coa el misterioso y terrible asesino de Whitechapel.

En efecto, después del crimen que os acabo de relatar, en la noche del 20 alarmóse otra vez el vecindario do aquel barrio de Londres con motivo de nuevo asesinato de una mujer, frustrado esta vez.

A eso de las 10 se oyeron gritos de socorro en dirección á East-Aldgate y en el corto intervalo de algunos minutos se precipitaron más de un millar de personas hacia el sitio de donde partían las voces. Parece que se había visto pocos momentos antes un hombre y una mujer que se dirigían en la oscuridad hacia la estación de Aldgate. El hombre tenía aspecto muy repulsivo; era de estatura regular y cubría su cabeza un sombrero de copa. Entablóse entre ambos una querella y la mujer fue derribada por su acompañante, quien la cogió por los cabellos, empuñando al propio tiempo un cuchillo con el que iba á herir á su víctima cuando los gritos de ¡Jack the Ripper! ¡Socorro! atrajeron algunas personas que pasaban por la calle inmediata.

Bajo una fuerte escolta de policemen conducido el criminal á Commercial-street, donde fue inmediatamente interrogado. Pregúntesele donde pasó la noche del 17, y no pudo conseguir contestar de un modo categórico. (Por todas estas circunstancias reina en Londres gran escitación y todo el mundo parece estar convencido de que la policía ha capturado por fin al misterioso Jack the Ripper. »

La Vanguardia 27/08/1889

« Jaime el «Destripador» ha escrito en muchas paredes de los edificios de Londres letreros en los cuales anuncia á la policía que en breve asesinará á otra mujer y que esta será de edad bastante avanzada. Al propio tiempo ha dirigido una carta á uno delos cuartelillos de policía anunciando lo mismo. Tal vez sea esto un bromazo de algún chusco;  pero como en otras ocasiones el anuncio se ha realizado, la policía ha tomado las medidas oportunas para impedir el crimen ó descubrir al criminal. »

La Vanguardia 30/11/1889

« Falso destripador de Madrid.

 Los periódicos madrileños dedican gran extensión al relato de un hecho que prueba á qué extremos más deplorables pueda conducir el terror de las masas populares.

Hace algunos días que empezó á propalarse la noticia de haber llegado á Madrid el terrible criminal da Whitechapel y á cundir la desconfianza y el miedo, cuándo no el  verdadero terror en todas las familias.

Existe en el Barrio de las Injurias—no podía ser otro—un pobre cesante, que no tiene la cabeza muy bien sentada, pero que posee, en cambio, la rara habilidad dé imitar el chillido de las ratas, razón por lo cual, los muchachos traban fácilmente amistad con él y le quieren al poco tiempo, pues es un buen amigo que, después de darles algunos sustos con sus tan bien imitados chillidos, les hace pasar buenos ratos.

Dirigíase el miércoles esta buen hombre hacia el centro de Madrid, cuando acertó á encontrar á un niño y una niña á quienes invitó probablemente, por decir algo, á que le acompañaran.

Un trapero que oyó las palabras de este, imaginándose estar en presencia del terrible Jack, echó á correr gritando ¡el destripador! ¡el destripador! No necesitaron más los recelosos vecinos para ponerse en alarma y arrojarse sobre el atónito cesante que lo hubiera pasado muy mal de seguro á no llegar la Guardia civil del cuartel próximo, la que detuvo al falso Destripador, al trapero y al niño, después de algunas preguntas al primero que, en su atolondramiento, no acertó á contestar.

Cuando la exaltada multitud vio á Jack en poder de la Guardia civil lanzó un rugido de fiera.

«Al llegar cerca de la delegación de vigilancia, dice El Imparcial,  á duras penas podían los guardias contener al público que se aglomeró en derredor de ellos. Pasaban de 2.000 las personas que iban increpando al pobre detenido. El griterío era inmenso y grande el temor de los guardias de verse atropellados.

— Que le quiten la barba postiza para que todos le conozcamos—decían muchos.

En la puerta de la delegación, que está en la Plaza de los Carros, un agente de la autoridad tuvo que tirar de las barbas á Carmelo Rodríguez con el fin de que la multitud se convenciera de que no eran postizas. A pesar de eso, las mujeres gritaban:

— ¡Arrastrarlo! ¡Hagamos nosotros justicia!

Antes de que pudieran ejecutarse tamaños propósitos, los guardias internaron al falso Destripador en la delegación de vigilancia, en donde se presentó el señor Aguilera é interrogó á Carmelo, al trapero y al niño.

El gobernador convencióse, por sus respuestas, que el Destripador era un infeliz que en su vida había hecho daño á nadie. Varias personas que le conocían afirmaron lo mismo. Pero como la muchedumbre hallábase muy excitada, no dando oidos á las palabras tranquilizadoras del señor Aguilera, éste se vio en la necesidad de disponer qué el falso Destripador fuese trasladado al juzgado de guardia, como asi sé verificó.

Cuando ya no había quien contra él se ensañase pidiendo su cabeza, y aclarados los hechos, Carmelo quedó en libertad.

A la una de la madrugada, presentóse el falso Destripador en la redacción del citado periódico, donde después de haber demostrado con su sempiterna charla y sus sueños de grandeza y sus pretensiones de estar enlazado por vínculos de parentesco ó de amistad con reyes y emperadoras, pues no está en su sano juicio, manifestó que no volvería á vivir en el barrio de las Injurias y que antes que volver allí prefería dormir en la prevención. »

Algunos enlaces de interéspara estudiar los crímenes de Jack el Destripador:

Casebook: Jack the Ripper. El más completo archivo de información sobre Jack el Destripador. Contiene amplísima información sobre los casos: documentos oficiales; fotografía, planos e ilustraciones de los lugares en que se cometieron los crímenes; las cartas manuscritas de quienes se atribuyeron los crímenes y la identidad del asesino; datos de las víctimas, de los sospechosos…

Documental sobre Jack el Destripador en el Canal Historia.

Películas sobre Jack el Destripador. Artículo publicado en El Criticón.

Hemeroteca de La Vanguardia.

© Juan Carlos Jerez.