Comunicación de enfermedades y prevención de riesgos a la seguridad colectiva

Entre todos la mataron y ella sola se murió. Este refrán español se utiliza cuando en ocasiones se achaca a una sola persona o a una única causa el daño producido por muchas, un daño que ya no se puede remediar. Se emplea cuando nadie desea asumir la parte que le corresponde de responsabilidad de algún suceso infausto, en cuyo resultado han contribuido varios factores.

Pues bien, en el accidente/suicidio/homicidio del vuelo GWI9525, uno empieza a tener esa sensación de “cúmulo de deficiencias” que han ayudado a que se produzca tan terrible tragedia.

Desde una discutible norma de seguridad adoptada tras el 11-S hasta los controles de vigilancia de aptitud de los pilotos, pasando por los silencios de algunas personas que rodeaban al innombrable copiloto (digo innombrable porque si lo que pretendía era notoriedad, no hay que darle el gusto).

Creo, como no podría ser de otra forma, en el derecho a la intimidad de los ciudadanos. Creo que cualquier intromisión debe ser excepcional. Creo que la seguridad no puede ni debe ser excusa para sobrepasar los límites de los derechos fundamentales, pero creo también, que el interés general, la seguridad de la colectividad, bien se merece, cuanto menos, que reflexionemos sobre la cuestión.

¿Es lógico que un piloto, un conductor de materias peligrosas, un funcionario que porta armas, etc., puedan decidir libremente si informan o no a sus empresas de que sufren una patología invalidante o que toman unos medicamentos incompatibles con su trabajo?

El artículo 22 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales establece una serie de cautelas muy razonables sobre la vigilancia de la salud de los trabajadores y limita la posibilidad de reconocimientos no voluntarios “… los supuestos en los que la realización de los reconocimientos sea imprescindible para evaluar los efectos de las condiciones de trabajo sobre la salud de los trabajadores o para verificar si el estado de salud del trabajador puede constituir un peligro para el mismo, para los demás trabajadores o para otras personas relacionadas con la empresa o cuando así esté establecido en una disposición legal en relación con la protección de riesgos específicos y actividades de especial peligrosidad”.

Pero el problema no está solo en la posibilidad de hacer reconocimientos voluntarios o no voluntarios, sino en cuando el facultativo ha detectado la enfermedad o lesión. ¿Prevé el sistema de salud que el médico informe a la empresa o a las autoridades competentes (Tráfico, Policía, Administración de Justicia…)? La respuesta es que, salvo excepciones, NO.

La DGT ya planteó esta posibilidad en 2013, a petición de la Fiscalía especial de Seguridad Vial. A ello, el colectivo médico respondió que el Código de Deontología Médica, ya prevé esta posibilidad de excepción al secreto profesional:

El artículo 30 del referido Código establece que el secreto profesional debe ser la regla. No obstante, el médico podrá revelar el secreto exclusivamente, ante quien tenga que hacerlo, en sus justos límites, con el asesoramiento del Colegio si lo precisara, entre otros, en los siguientes casos:

– En las enfermedades de declaración obligatoria.

– Si con su silencio diera lugar a un perjuicio al propio paciente o a otras personas, o a un peligro colectivo.

– En caso de malos tratos, especialmente a niños, ancianos y discapacitados psíquicos o actos de agresión sexual.

– Por imperativo legal: En el parte de lesiones, que todo médico viene obligado a enviar al juez cuando asiste a un lesionado.

Estaríamos en el segundo supuesto (Si con su silencio diera lugar a un perjuicio al propio paciente o a otras personas, o a un peligro colectivo) o si se reformase la legislación, podríamos estar en el supuesto de imperativo legal.

Lo correcto parece esto último, ya que no se trataría tanto de traspasar responsabilidades a los médicos sino de legislar las excepciones. Tampoco debería implicar una vulneración de la intimidad del paciente porque no se trataría de desvelar la enfermedad o lesión, sino de alertar a un sistema de información de riesgos.

Sería tan fácil como introducir códigos específicos de colectivos sensibles en su numeración de alta de la Seguridad Social o Mutuas laborales, de forma que los facultativos supieran que esas profesiones o empleos están sujetos a normativa de prevención de riesgos específica y, por extensión, en todos los casos debería haber una casilla a rellenar por el facultativo relativa a las autorizaciones para conducir vehículos o para portar armas.

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Comunicación de enfermedades y prevención de riesgos a la seguridad colectiva por Juan Carlos Jerez se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.
Basada en una obra en http://derechodelaseguridad.com/comunicacion-de-enfermedades-y-prevencion-de-riesgos-a-la-seguridad-colectiva/.