Atentados en París: ¿Lobos solitarios o miembros de organización terrorista?

En nombre de Alá, de Dios, del Pueblo, de la Nación, de la Raza o de cualquier otra idea superlativa y en mayúsculas, se ha matado desde tiempos inmemoriales. Asesinos e instigadores intelectuales y personas manipulables los ha habido siempre.

La dificultad de luchar contra estas formas de fanatismo criminal en las cuales el individuo es una mera célula de algo mayor, de algo transcendente, se agrava cuando, además, hay sujetos que deciden hacer la guerra por su cuenta.

Son los llamados ‘lobos solitarios’, apelativo adoptado por primera vez por las agencias de seguridad de Estados Unidos y por los medios de comunicación de ese país al referirse a individuos que siguen la estrategia de realizar acciones terroristas individuales que responden a los intereses y a la lógica de las organizaciones con las que se sienten identificados.

De hecho, la operación conjunta entre el FBI y la Policía de San Diego en 1998 para investigar las actividades del supremacista blanco Alex Curtis fue llamada ‘Operación Lobo Solitario’.

La historia reciente del terrorismo está plagada de atentados perpetrados por este tipo de fanáticos. En Estados Unidos, desde Unabomber hasta los autores del atentado de la Maratón de Boston. En Europa, el autor de los atentados de Oslo y la masacre de Utøya, o los asesinos del soldado Lee Rigby en Londres en 2013.

Los atentados de París de los días 8 y 9 de enero contra la revista satírica Charlie-Hebdo, el asesinato de la policía municipal en Montrouge y de los clientes del supermercado kosher, tienen el sello de este tipo de asesinos fanáticos que actúan como freelances al servicio de los intereses de una organización criminal, en este caso Al-Qaeda o del autodenominado Estado Islámico (EI).

Pero los terroristas ¿eran lobos solitarios o miembros de una organización terrorista? Al-Qaeda ha reivindicado los atentados y los propios autores de la masacre en el semanario Charlie-Hebdo decían actuar en nombre de esa organización criminal pero lo cierto es que el otro miembro del grupo dijo pertenecer a EI, por lo que es muy probable que actuaran sin necesidad de que nadie les dictara órdenes.

Seguramente se trata, una vez más, de jóvenes a los que se les ha inoculado el odio contra ‘los otros’ (que somos todos los demás), y que no se distinguen en su enfermiza violencia de fanáticos asesinos de otras causas tan poco nobles como matar en nombre de Alá, de Dios, de la Raza…

En cualquier caso, están entre nosotros, y hay mucho trabajo por delante para erradicar el virus del odio y la violencia y sus causas patógenas.

Nota: He evitado reproducir el nombre de los asesinos. Buscan notoriedad y no quiero dársela.

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