El casco protector y la religión

La Vanguardia se ha eco de la noticia de que la comunidad Sij de Olot pide una exención religiosa para circular en moto sin casco como ocurre en Reino Unido o en algunas provincias de Canadá.

Recientemente también fue noticia la reivindicación de mujeres saudíes para levantar la prohibición de que puedan conducir en aplicación de una interpretación wahhabista del Corán.

Y es que la lógica de las confesiones religiosas no siempre coincide con la lógica de las sociedades ni de la época en las que les ha tocado vivir.

Por eso, cuando desde una confesión religiosa se esgrimen cuestiones de fe, de creencias o de costumbres para evitar o relajar la aplicación de una norma, desde las sociedades que aspiran a ser abiertas, como la nuestra, debemos ser escrupulosamente justos y democráticos, y decir NO.

La comunidad Sij es, en muchos aspectos, ejemplar, pero no se puede hacer una excepción a las normas que afectan a la seguridad. Una cosa es cambiar la gorra de plato o el tricornio por un turbante en la uniformidad policial (como en la policía Metropolitana de Londres) y otra muy distinta es cambiar el casco protector – elemento de seguridad – por un  turbante. Ni en la conducción de motocicletas ni las obras como elemento de prevención de riesgos laborales.

Los sijs ya han demostrado anteriormente que saben adaptar sus creencias y sus costumbres a la sociedad y el tiempo en el que les toca vivir. Es el caso del kirpán, que en sus orígenes era una espada ceremonial que los hombres deben portar consigo pero que actualmente no es más que una pequeña daga y si se quiere exhibir públicamente apenas si alcanzará el tamaño de un colgante.

Alguien podría alegar, inocentemente, que solo al conductor de la motocicleta o ciclomotor le compete decidir sobre su seguridad y que los derechos religiosos están por encima de la prevención de riesgos. Nada más lejos de la verdad. El casco puede ser la diferencia entre vivir o morir. El casco no solo protege al conductor de lesiones graves o muerte, también protege a los conductores contrarios de las consecuencias legales y personales de esos daños agravados por la ausencia del elemento principal de seguridad del motorista. Protege a los testigos de presenciar un accidente más grave de lo habitual. Protege a las empresas cuando esos conductores sin casco están utilizando la motocicleta o el ciclomotor para trabajar. Y protege a la sociedad de los gastos y consecuencias de la siniestralidad vial.

La introducción de la obligación de portar casco protector en la conducción de motocicletas y ciclomotores en España, en 1992, fue uno de los mayores avances en la seguridad vial de la historia. No podemos dar ni un paso atrás en este ámbito.

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El casco protector y la religión por Juan Carlos Jerez se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.
Basada en una obra en http://derechodelaseguridad.com/.