El fenómeno criminológico del robo de cable

Basta con poner en el buscador de Google ‘robo cable’ o ‘robo cobre’ para que aparezcan millones de entradas – fundamentalmente noticias de sucesos – sobre esa cuestión. Siempre hay una entrada reciente informando de los daños causados a  algún servicio básico,  público o privado: transporte ferroviario, alumbrado público, sistema de riego, etc.

Y si hacemos el ejercicio del buscador, en inglés por ejemplo, con las palabras ‘wire theft’ o ‘copper theft’ el resultado es aún más espectacular.

Esto es así, porque hoy por hoy el robo de cable en particular o de cobre en general, es uno de los delitos más frecuentes y descontrolados en los países desarrollados y en los países en desarrollo. Tanto es así que se suele hablar de epidemia para referirse a este fenómeno criminológico.

La explicación de esta epidemia, en la que todos los analistas coinciden, está en el aumento de valor del cobre y otros metales, como aluminio y bronce, y en su creciente escasez en los mercados en los últimos años.

Entre 2002 y 2007 el precio del cobre en el mercado internacional aumentó más de un 340%. Las razones de este espectacular aumento del precio del cobre se encuentran en el incremento exponencial de la demanda de este metal por parte de las economías emergentes, especialmente de China, India y Corea del Sur.

A finales de 2008 y durante 2009, los precios en el mercado mundial para metales como cobre y aluminio cayeron de forma considerable como consecuencia de la crisis financiera internacional de las ‘subprimes’. Sin embargo no descendió la tendencia de robos de metal, lo que demostraría que, aunque el precio de la mercancía es el factor principal, no existe una única relación causa-efecto entre precios del producto y robos de metal.

¿Qué otros factores entonces, además del precio del cobre, explican el fenómeno delictual del robo de cable y de cobre?

Uno de los factores explicativos del mantenimiento de altas tasas de delitos relacionados con el robo de metales, incluso en períodos de reducción de los precios y de la estabilización del mercado, es el de la especialización de los delincuentes.

Los delincuentes y las bandas especializadas en el robo de cable, nacidas al calor del aumento de la demanda y del precio del producto, mantienen sus costumbres, sus recursos, sus estrategias criminales especializadas.

En la misma línea, hay que considerar la implantación y consolidación de redes y empresas especializadas en la cadena del reciclaje de metal de procedencia ilegal. En esta ‘cadena de producción’ del cobre reciclado, intervienen no sólo los autores de las sustracciones de cable u otro material de metal sino que también existen distribuidores, empresas de fundición, centros de reciclaje, compradores…

Y todo este entramado, esta cadena de montaje delictivo, sigue funcionando como cualquier otra empresa del sector, intentando adaptarse a las leyes de la oferta y la demanda.

Otro factor a considerar, es la intensidad de la crisis económica y social. El paro y la pobreza en la que se encuentran cada vez más personas en los países desarrollados y en desarrollo ha incrementado el número de personas ocupadas en tareas marginales de subsistencia, entre estas tareas, está la búsqueda en los contenedores, vertederos, edificios en ruinas, etc. recintos de obra, etc.  Y, en la leve línea de la legalidad, en muchos casos el producto se ha buscado en recintos de obra, almacenes de logística y mantenimiento de empresas de servicios de suministros de electricidad, gas, teléfono, agua, etc.

Esta ocupación, hasta hace poco reservada a los estratos de población más marginal o necesitada, es ahora también la ocupación de miles de trabajadores desahuciados del mercado laboral.

La economía sumergida o marginal, cuando es estructural, como en la mayoría de los países en vías de desarrollo o muy elevada como en países desarrollados pero con débil sistema de control fiscal, como es el caso de España, ofrece el terreno abonado a prácticas delictivas de esta naturaleza.

El mercado negro del cobre y otros metales sólo ha tenido que adaptar sus recursos y estrategias para seguir haciendo lo que hacían. Sólo así se explica la facilidad con que operan las bandas de robo de cable. Porque ya existía una red de tratamiento del cobre y metal de procedencia ilegal o irregular.

Y, por último, un factor muy importante en este tipo de delito es el coste de oportunidad en relación a la respuesta penal por la sustracción del cable. En este caso, la laxitud de las penas es notable porque generalmente solo se tiene en cuenta el valor patrimonial de lo sustraído y, como mucho, el de los daños.

La tipificación de este tipo de delito no toma en consideración que el bien jurídico a proteger, en el caso de daños a las instalaciones y servicios públicos, debería ser el de la seguridad colectiva, con una fórmula similar a la prevista para los estragos o incendios forestales.

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El fenómeno criminológico del robo de cable por Juan Carlos Jerez se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España.
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